Los yatai, punto de encuentro de historias
Relatos en torno a los puestos callejeros de Japón
Aunque me separan 18.000 kilómetros de Japón y nunca pisé la “Tierra del Sol Naciente”, soy un gran fanático de los yatai.
Este entusiasmo un tanto inexplicable por los puestos de comida japoneses (y eso que cocinar no me apasiona demasiado) fue lo que me hizo pensar en armar un juego sobre ellos cuando la propuesta apareció en una lluvia de ideas.
Sin embargo, recién cuando conocí la historia de Takahashi y su puesto de ramen, “Koeiken”, me comprometí de lleno con el proyecto y empecé a encararlo con más determinación.
"Voy a hacer ramen hasta que se me consuma el alma" (Takahashi).

Las referencias
Investigando el “estado del arte” de los videojuegos sobre yatai, me crucé con dos juegos (desarrollados para PlayStation 1) que parecen ser poco conocidos en Occidente y de cuya existencia no tenía la menor idea. Son Charumera y Ramenbashi.

Los dos resultaron reveladores y hoy me sirven de guía para desarrollar los conceptos principales de mi juego. (Voy a hablar más de ellos en próximas entradas.)
Pero empecemos por lo básico...
¿Qué es un yatai?
Los yatai son puestos de comida callejera. Una de sus particularidades es que son móviles: aunque suelen ocupar el mismo lugar casi todas las noches, se retiran al terminar la jornada.
Al principio, los yatai eran pequeños carros de madera de dos ruedas, con utensilios de cocina y una barra rústica para atender a los clientes.
Hoy los yatai conservan esa herencia móvil, pero en general son más grandes. Algunos tienen lugar para más de 10 comensales alrededor de la barra, según cómo esté armado cada yatai y la época del año (en invierno no se suele aprovechar el espacio de alrededor para poner más mesas).
La comida
En los yatai podés probar una gran variedad de platos tradicionales de comida callejera, desde ramen y yakitori (brochetas de pollo a la parrilla) hasta oden (un guiso de pescado, huevo y verduras).

Entre los clásicos también hay gyoza (empanaditas rellenas de carne y verduras), okonomiyaki (una especie de panqueque salado con distintos ingredientes) y tempura de verduras y mariscos.

Fukuoka
Fukuoka, en la isla de Kyushu, es una de las pocas prefecturas de Japón que todavía conservan una cantidad importante de yatai: 103, para ser exactos, según los datos del sitio web del gobierno de Fukuoka, actualizados a enero de 2024.
La ciudad es famosa por el ramen de Hakata, con su caldo de cerdo bien sustancioso, que se convirtió en un ícono local; muchos yatai lo ofrecen como plato principal.
Más allá de ser una tradición, los yatai de Fukuoka son un atractivo cultural y turístico. Tanto es así que hay varias iniciativas para dar a conocer esta experiencia gastronómica única.
Entre ellas hay centros de información especializados que orientan a los turistas sobre los yatai:

Un mapa con la ubicación de los puestos:

E incluso un buscador para encontrar yatai según distintos criterios:

Por todo esto, decidí ponerle al juego el nombre de Fukuoka, aunque todavía no sé si al final eso va a tener alguna importancia.
El yatai como “tercer lugar”
Estos “carritos de comida” no solo ofrecen un plato accesible: también se convirtieron en lugares de reunión para ciertos sectores de la sociedad, y eso consolidó a los yatai como puntos de encuentro social.

Encontré bastantes referencias que destacan este componente social de los yatai:
“¡Que no te dé vergüenza! El yatai es un ambiente cordial y abierto, así que no te extrañes si el de al lado se pone a conversar con vos.” (fukuokaeats.com)
“Normalmente no me gustan los lugares llenos de gente, pero fue divertido estar apretujados en un espacio tan chico, entre cervezas y brochetas de yakitori.” (JB y Renée)
Lo que me interesa reflejar en el juego es justamente ese costado de “tercer lugar”, más que la preparación de la comida en sí.
Desarrollar distintas historias alrededor de la barra del yatai es un desafío narrativo, porque busca, en cierta medida, simular ese vínculo entre las personas que ayuda a construir comunidad en un ambiente que parece relajado y sin jerarquías.